miércoles, 3 de octubre de 2012

El viaje

Hostal El Patio de Lima.
Clara descansando bajo el árbol del Bien y del Mal.

3 de octubre de 2012



Medio dormidos aún en la terminal 1, observamos cómo una mujer destroza a golpes de martillo las ruedecillas de su maleta. Su cara expresa rabia y desolación. La han obligado a reducir el tamaño de su equipaje de mano si quería llevarlo consigo en cabina. A nuestro lado, una chica con el mismo modelo de valija entra en el avión sin problema alguno.

Gritos desgarradores; un niño de unos cinco años no para de chillar: “Papá, yo no quiero volar”, “Me dan miedo las alturas”, “Quiero volver a casa”. Su padre intenta calmarlo sin éxito. Mira azorado a su alrededor pero la gente, pese al madrugón, está de buen rollo y observa a ambos con simpatía. En el interior de la nave siguen los berridos desconsolados. Qué trauma debe haber sufrido el chaval para ponerse así.

El aeropuerto de Ámsterdam es funcional aunque bastante feo y tiene unas tiendas un tanto cutrecillas –en una de las cuales me compro un Swatch de plástico negro para el viaje- pero ofrece muchas facilidades para el descanso. Cómodas tumbonas frente a un ventanal desde el que se puede contemplar la salida de los aviones; sacos de arena y mullidas moquetas con troncos de caucho bajo árboles artificiales en los que se oye gorjear a los pájaros (mecánicos) para echarse una siesta; más de un smoking room para los adictos al tabaco; un centro de meditación multiconfesional atendido por tres clérigos –y veintidós personas más- para la atención religiosa y psicológica del viajero; un hotel con cabinas individuales, dobles (con opción queen size bed) y familiares de inspiración japonesa. Además hay un casino, una galería con reproducciones de algunos cuadros del Rijks Museum, varios servicios de masaje en cuello, cuerpo o pies, un piano que cualquiera puede tocar, diversas chimeneas con fuego falso (en vídeo), un bosque infantil y hasta una biblioteca.

Recomiendo KLM. Más espacio del habitual para las piernas, excelente comida y posibilidad de pasear picando galletas, helados y bebidas.

Rapidísimo el paso de emigración en el aeropuerto de Lima y un taxi esperándonos a la salida. Suerte que se trataba de un vehículo garantizado por el hotel porque los atajos que ha cogido por lóbregas callejuelas nos ha hecho por un momento temer lo peor. El Hostal El Patio, sencillito pero agradable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario