domingo 7 de octubre de 2012
Desayunar entre muros de piedra volcánica de los que cuelgan pinturas de vírgenes barrocas y de ángeles tocados con sombreros de plumas mientras el sol se cuela por las puertas de cristal que se abren a un patio encantador constituye un verdadero placer aunque el desayuno no pase de ser simplemente mediocre. Y creo que soy generoso.
La cena de ayer en el Chicha de Gastón Acurio no resultó tan gloriosa como era de esperar. El local está agradablemente decorado, el servicio es atento pero la lentitud en servir los platos fue bastante insoportable. Clara tomó rocoto relleno (como un chile típico de Arequipa) y yo el almendrado de camarones. Ambos exquisitos. Pero los soufflés de chocolate -que en realidad eran más bien unos coulants- nos parecieron corrientitos. Sin embargo, cenamos bien.
Hoy hemos decidido hacer un tour por los alrededores mediante un clásico bus de dos pisos. Bastante turismo local, como ese adolescente, dedicado a llenar obsesivamente crucigramas, que lucía un ligero bozo y unas uñas -limpias y cuidadas, eso sí- que harían la envidia de Barbra Streisand. Y todas ellas eran divinamente largas y no solo la del meñique como suele ser habitual.Otra de nuestras compañeras de viaje vestía un hábito parecido al de San José (morado: aclaración para los jóvenes) aunque con el cinto blanco en lugar de amarillo. Este hábito lo habíamos ya visto en otras mujeres de Lima.
Nuestra guía, que se enfrentaba valientemente al calor -un calor que nos sigue sorprendiendo- con unos leggins de fibra negra y unas botas de media caña, era muy guapa pese al inhumano -Clara dixit- bigote que la emparentaba directamente con Frida Kahlo.
Clara, que estaba a punto de ducharse, me interrumpe para mostrarme su escote casi en piel viva debido a la fiereza del sol. Su brazo izquierdo, situado más cerca del exterior, luce mucho más rojo que el derecho.No voy a colgar ninguna foto.
Una cosa que sorprende en Perú es que nadie fuma, nadie. Pero se vende tabaco. Tal vez la gente fuma en secreto, como avergonzada. Por cierto, en una calle de Lima, un chico que vio como Clara fumaba uno de esos petardillos que se confecciona ella misma le pidió por favor si le podía dar una hojita de papel de fumar. Quedó agradecidísimo cuando se la regaló.
Como se acerca la festividad de El Señor de Los Milagros (18 de octubre, en que empieza la temporada taurina) a todas horas se oyen explosiones de petardos.
Prosigamos con la excursión; tras varias paradas de interés fotográfico -en una de las cuales degustamos un postre típico de la zona: el queso helado, un sorbete que tiene vainilla, papaya, canela y algún otro ingrediente pero que ¡carece de queso!- y una obligada visita a un outlet de prendas de lana andina en el que había un mini zoológico con guanacos, vicuñas, llamas y dos clases de alpaca (que hubiera encantado a Hugo) nos llevaron a una cima turística: la Mansión del Fundador. Esta casa colonial que perteneció al fundador de Arequipa, don Garci Manuel de Carbajal y en la que se celebran bodas y banquetes contiene la colección de muebles y pinturas más feas que alguien pueda imaginar. Lo único bonito es su pequeña capilla con altar barroco en la que hoy se celebraba la misa dominical, en la que el sacerdote dictaba su sermón paseándose entre los feligreses en vez de hacerlo desde el púlpito.
La última atracción fue el paseo a caballo -yo nunca había montado pero no hubo problema alguno pues se sabían la ruta de memoria- alrededor del molino de Sabandía. No sé si todos los excursionistas pudieron observar una divertida anécdota equina. Alrededor de los caballos destinados al transporte de turistas jugaban múltiples potrillos. Uno de ellos, seguramente hambriento, se acercó a un caballo con intención de mamar. Desgraciadamente no se trataba de una yegua sino de un macho. Pero el potro siguió probando y acabó haciéndole tremenda felación al caballo. A este pareció gustarle y se dejó hacer, como disimulando.
De vuelta a la capital pudimos observar cómo en los áridos montes de color arena destacaban unos lemas pintados en blanco sobre las mismas piedras con menciones a "Café Valenzuela" o "La Nestlé lechera". Curiosa forma de publicidad.
En Lima pudimos por fin comer en Ary Quepay, el restaurante del que ayer se había ausentado el cocinero. Clara, chupe de camarones y yo filete de alpaca acompañado de un puré de patata excepcional y un especie de empedrado de verduras riquísimo. La alpaca, que había sido horneada con vino tinto, tenía un gusto sabrosísimo. De postre, pastel de choclo.
| Volcán contra volcán: Chachani y Misti. |
| Jorge, caballero español. |
| Clara, gentil amazona. |
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