Otra de las cosas buenas de este riad -es que no tiene ninguna mala excepto, tal vez, el relleno de las almohadas, que es como de Dunlopillo, que cuando levantas la cabeza te acompaña en lugar de quedar hueca- es que cada mañana el desayuno es diferente. Las pastas, que supongo home made, son exquisitas y el queso de cabra y el aceite de oliva no pueden ser mejores. El de hoy ha vuelto a ser exquisito.
Pensábamos dedicarnos hoy a la parte sur de la ciudad, echando vistas a lo que queríamos adquirir para mañana hacer efectivas las compras y quedarnos allí hasta tarde para ver la plaza Djemaa El-Fna de noche. Pero hacía mucho calor, estábamos cansados y hemos decidido volver al hotel a refrescarnos y dejar el plan nocturno para mañana. Una sabia decisión porque en este momento está diluviando y nos habría cogido de pleno la tormenta.
Hemos visitado los jardines de la Koutoubia (que están bien pero quedan eclipsados por el recuerdo de los Majorelle), las tumbas saadíes, la kasbah -entrando en la tienda/taller de un pintor naif ideal al que hemos encargado algunos cuadros-, el palacio de la Bahia y el palacio/museo de Dar Si Said, con su aire abandonado y decadente que muestra joyas y vestidos similares al del museo berebere de Saint Laurent pero llenos de polvo y apenas iluminados.
En vista de lo bien que comimos anteayer, hemos vuelto al Café Berbère y hemos comido, otra vez, de maravilla.
De vuelta al hotel no queríamos pasar por los zocos para no agobiarnos pero finalmente hemos sucumbido a la tentación y lo hemos hecho, aprovechando para comprar un cargamento de babuchas por el que Clara ha regateado de forma brutal.
Un baño en la pequeña piscina nos ha ido de miedo para relajarnos.
Ahora ha cesado de llover y nos disponemos a ir a cenar.
Acabamos de llegar de cenar y, por suerte, la lluvia no nos ha pillado. En vista del tiempo hemos optado por el restaurante Bacha del lujoso Palais Donab muy cerca de nuestro riad.. La comida no ha sido nada del otro jueves -bien los penne a la arrabbiata y flojito mi risotto- pero el ambiente, espléndido. Un comedor presidido por una enorme chimenea, cristales de colores en las ventanas y farolas, artesanado bellísimo y cuadros orientalistas à la Fortuny. Un disfrute.
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| Clara, avasallada por la magnificencia del desayuno. |
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| La foto indispensable junto al mausoleo de la madre del sultán Ahmed al-Mansour ed-Dahbi. |


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